jueves, 19 de febrero de 2015

Entrevista a Ignacio Reyes García



Ignacio Reyes nació en Tenerife en 1962 y es Doctor en Filología y Licenciado en Historia por la Universidad de La Laguna. Este investigador ha centrado la mayor partde de su trabajo en el estudio de la cultura y la lengua amazigh de nuestro archipiélago, y nosotros hoy hemos tenido el placer de entrevistarle:



1. ¿Es verdad que las lenguas Tamazight de Canarias pudieron seguirse empleando por pequeños grupos incluso después del siglo XVIII?
Permítanme, en primer lugar, que haga una pequeña matización al enunciado de su pregunta. Aunque a menudo las fronteras entre lengua y dialecto se presentan bastante borrosas en la realidad, en mi opinión no hay margen para plantear la llegada a Canarias de dos o más “lenguas Tamazight”. Pienso que, con mayor seguridad, estamos ante la confluencia insular de modalidades de hablas adscritas a dos flujos dialectales: uno meridional o tuareg y otro septentrional, más heterogéneo.

Por lo que respecta a esa posible continuidad, el dato puntual remite a la afirmación del comerciante escocés George Glas que, en 1764, menciona, como excepción al mestizaje entre población nativa y colonizadora, «algunas pocas familias por Candelaria, Güímar y Chasnia». Y a partir de ahí se han formulado lecturas lingüísticas tan extensivas como infundadas. Con lo abrupto de la geografía que caracteriza nuestro suelo, no se puede descartar cierta pervivencia en núcleos muy restringidos, pero basta observar las comunidades indígenas de América Latina por ejemplo para comprender que una fase prolongada de bilingüismo activo habría conducido a una realización muy distinta del español que empleamos en la actualidad.


2. ¿Qué puede aportarnos la evidencia epigráfica con grabados alfabetiformes al estudio del tamazigh insular?
Los materiales epigráficos carecen de dataciones absolutas y registros bilingües suficientes y contrastados. Por tanto, cualquier afirmación en este ámbito de la investigación siempre asume valores muy tentativos, aunque sin acumular errores, dentro de un protocolo científico, también será difícil avanzar. Con esto claro, las aportaciones lingüísticas ocupan categorías similares a las que ofrece cualquier otra fuente escrita, salvo por las peculiaridades de la escritura en sí, como su contenido básicamente consonántico o la casi ausencia de segmentación o separación entre las palabras. Pero rubros como el léxico, la sintaxis, la morfología o incluso aspectos socio y etnolingüísticos pueden ser escrutados con provecho.


3. ¿Cuáles son las diferencias principales que había entre las diferentes lenguas del Archipiélago?
Con la información disponible, los asentamientos humanos diferentes del amaziq parecen haber estado muy acotados tanto en el tiempo como en su emplazamiento. Nada hace pensar que esta milenaria cultura norteafricana conviviera con cualquier otra en un rango semejante. Y, en su interior, debo insistir en que, a mi juicio, no hubo una diferenciación dialectal que comprometiera la intercomprensión entre las diversas modalidades de habla de esta lengua cultivadas en el Archipiélago. Aunque la fragmentación insular y la presencia de los dos flujos dialectales que he mencionado, sin duda debieron de generar peculiaridades más o menos segregadoras. Un código abierto como lo es un idioma se nutre de las experiencias que desarrolla cada comunidad de hablantes en un entorno determinado y a través de un devenir histórico específico, por lo que las singularidades léxicas, fonéticas o gramaticales en general constituyen un episodio muy común, pero también se ha de considerar la importante tendencia conservadora que exhibe la lengua amaziq, acaso acentuada en las Islas como protección del vínculo identitario tras su emigración desde las tierras continentales.


4. ¿Qué zonas del norte de África han influido más en la lengua de las poblaciones imazighen de Canarias?
Si nos atenemos a la ubicación actual de los dialectos continentales que participaron en la composición del amaziq insular, deberíamos destacar dos comarcas principales. Por un lado, el triángulo meridional formado por el Hoggar argelino, la región de Meneka, en el Aẓawăd, y el Macizo del Ayr y la cuenca occidental del Ăzăwagh, en Níger. De otra parte, un territorio más dilatado, desde la Cabilia argelina hasta el Anti-Atlas, pero con especial relevancia para el Marruecos central.

Sin embargo, esta distribución requiere cierto ajuste histórico a la época en la que presumimos que se pobló el Archipiélago, entre el -500 y el tránsito a la Era. Así, las comunidades meridionales o tuaregs habrían estado residenciadas por entonces en un ámbito más oriental, desde la Constantina argelina y Tú­nez hasta Tripolitania y el Fezzán. Quizá esto explique también la relativa importancia de la Cabilia y, en particular para la isla de El Hierro, del Atlas sahariano.

Caso aparte demanda la tribu rifeña de los ghomâra, heredera, al parecer, de una tradición lingüística extendida desde el Atlas Medio hasta el Anti-Atlas, pero hoy en día muy arabizada.
No obstante, queda mucho todavía por investigar para obtener una decantación más fidedigna de todos los marcadores geolingüísticos pertinentes para el conocimiento de las hablas ínsuloamazighes.


5. ¿Cree usted que debería incrementarse en Canarias el interés científico y cultural sobre la cultura amazigh y sus relaciones con el Archipiélago?
Imagino que cualquier investigador considera que su materia de estudio merece mayor atención por el conjunto de la sociedad. Pero, en este asunto, estamos ante un diacrítico identitario insoslayable, motivo por el cual las decisiones personales y profesionales, tanto por acción como por omisión, asumen a menudo una coloración ideológica y política inevitable. Desde luego, lo ideal sería producir respuestas más equilibradas y menos mediatizadas por los diversos intereses en juego, pero me temo que algo así sólo será posible una vez que el Archipiélago se desprenda de la férula colonial y pueda redefinir en libertad la mejor relación con su pasado y con aquella parte de su identidad que sigue viva también en el Continente.

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